domingo, 4 de septiembre de 2016

Dos meses (y algunos días) en Pamplona

   

     Me vine a Pamplona casi sin pensarlo, me ofrecieron trabajar en San Fermines y el trabajo en el campo se me terminaba, así que en cuestión de dos días, me hice la maleta y tiré para el norte, en mi Panda, algo más de 900 kilómetros, unas 10 horas de viaje que no se me hicieron pesados ni nada por el estilo porque a mi me gusta y subía con ilusión. Nada más entrar por Pamplona con el coche y sin saber para dónde tirar pensé: me encanta, tranquilidad. Es una ciudad pequeña, muy tranquila. Y se me pasó por la mente el quedarme a probar suerte. 



     Trabajar en San Fermines fue toda una experiencia, con sus buenos y malos momentos, pero para mi queda y saqué todo lo que pude de ello. Conocimos a mucha gente distinta, de todos los colores, hablando todos los idiomas. Me encantó el ambiente de día, las peñas con las charangas, todos de blanco, mucho ambiente por todos lados. La noche ya fue otra cosa, a ratos daba miedo. Eso sí, como en siempre, hay de todo. Conocimos a una chica bilbaína que nos cantó Ay, pena penita pena y era fan de Lola Flores, un chico nos cantó flamenco, un búlgaro nos tocó con el acordeón acompañado por un grupo de argentinos... grupos que repitieron miles de veces... Eso sí, si lo puedo evitar, no vuelvo a trabajar en San Fermines ni loca. 



     También me he dedicado a conocer Pamplona y viajar por estos lares. Pamplona prácticamente me la conozco ya entera. De hecho, ya en San Fermines, la gente me preguntaba por sitios y podía indicarles. La última visita fue a Francia, que nunca había pisado suelo francés, estuvimos en Hendaya y San Juan de Luz, dos pueblos preciosos de la costa francesa. Al pertenecer a la región vasca es muy parecido a esto. Vimos una abadía, nos bañamos en la playa, hice topless (mi primera vez jijijiji), paseamos por las bonitas calles de San Juan de Luz y compramos en el E.Leclerc. 

En la abadía de Hendaya... no recuerdo el nombre :)

    Estuve en Olite, en sus fiestas medievales y entramos en su castillo. Castillo, que por cierto, es una reconstrucción del antiguo, pensabamos que era original pero no, tienen allí fotos de cómo estaba antes y nada que ver. Aun así, merece la pena, Olite es un pueblo muy bonito, tenían un mercado medieval en el que compré polen y unas rosquillas artesanas que estaban riquísimas. 


 

Las doncella desde las alturas en el castillo de Olite

     Otra visita fue a Donosti. Por la mañana playa (no en La Concha, sino la otra que no recuerdo el nombre), nos llovió un poco y el tiempo estaba revuelto así que toda la tarde la dedicamos a pasear por la parte de la costa, paseando desde la playa donde estabamos, hasta el monumento del Peine de los Vientos. Y viento hacía un rato. Donosti se me antoja muy bohemia. 

Saltaaaaaaaaa! En el Peine de los Vientos (Donosti)

     Pasé un fin de semana en Castro Urdiales... bueno, estuve en Santander y por la costa, para mi que pisamos Castro solo para dormir. Estuve allí, tanto en Castro como en Santander cuando tenía 13 años en el viaje de fin de curso del cole... ya ha llovido. Recordaba cosas, pero poco. En Santander fuimos al festival Santander Music y vimos a La Moda y a Love of Lesbian. Estos últimos son de mis grupos favoritos y hacía unos 7 años que los vi en directo, casi se me cae la lagrimilla. 



     Y se me olvidaba!! Fui a Vitoria, un lunes sin saber que allí tenían fiestas. Las fiestas del ajo o algo así, iba para pasar un par de horas y al final me quedé casi todo el día por allí disfrutando de la fiesta. Tendré que volver de nuevo para ver la ciudad un poco más tranquila. 

Vitoria por sorpresa

     Respecto al trabajo, ahora mismo estoy trabajando en limpieza, desde principios de agosto. No me quejaré, no me quejaré!!! Me da para sobrevivir e ir tirando, sino me hubiese tenido que volver a Sevilla y la verdad es que no quiero, de momento, me apetece quedarme aquí y seguir buscándome la vida. 

     Otro caso a parte es el tema del alojamiento, si no me confundo, he estado ya en 5 sitios distintos. Al llegar estuve unos 10 días en un piso en Ansoain, después pasé unos días en Villaba y me trasladé a pleno centro de Pamplona, en una bajera, fría y oscura, una experiencia muy mala, que después de ella puedo vivir en casi cualquier lado y salir bien. A mediados de agosto volví a Villaba, hasta este lunes que me mudé a una pensión, en un polígono a las afueras, de momento estaré un mes, mientras busco algo para vivir definitivamente. 

Arriesguemos!

     El balance de estos dos meses, y pocos días, es muy bueno, como digo me gustaría poder quedarme aquí y vivir. El verano ha sido distinto y con mucha chicha ¡Y LIMONÁ! He conocido a gente maravillosa, aunque el carácter de aquí es distinto, en general, todos son muy amables y no he tenido problemas con nadie, todo lo contrario, he encontrado mucha ayuda, no tengo queja. 

Lo que más hecho de menos